Una campaña lluviosa puede parecer una buena noticia para el viñedo. Sin embargo, también puede crear las condiciones perfectas para la aparición de algunas de las enfermedades que más preocupan a los viticultores. Y no todas necesitan lluvia para desarrollarse. problemas del viñedo
A lo largo del año, la vid se enfrenta a numerosos factores que condicionan su desarrollo. El clima, la humedad, las temperaturas o las precipitaciones pueden favorecer la aparición de determinadas enfermedades que afectan a la planta y, en consecuencia, a la calidad de la uva. Una uva dañada puede desarrollarse y madurar peor y no llegar a la bodega en las condiciones necesarias para elaborar un buen vino.
Entre las principales enfermedades de la vid hay tres de origen fúngico que cualquier viticultor vigila especialmente: botritis, mildiu y oídio. Aunque tienen algo en común —las tres pueden comprometer la calidad de la uva—, cada una aparece en condiciones diferentes y afecta a la planta de una manera distinta.
Oídio: el hongo que no necesita lluvia
A diferencia del mildiu, el oídio no necesita lluvia para desarrollarse. De hecho, las precipitaciones intensas pueden dificultar su expansión al eliminar parte del hongo de la superficie de la planta.
Su signo más característico es una especie de polvo blanquecino que recubre hojas, brotes y racimos. Si avanza, dificulta el desarrollo normal de la uva y puede afectar tanto a su calidad como a su correcta maduración.
Aunque necesita humedad ambiental, el oídio está mucho más condicionado por la temperatura que por las precipitaciones, por lo que puede aparecer incluso en campañas aparentemente secas. Su aparición suele verse favorecida por la humedad ambiental, el exceso de vigor de la planta, es decir, un crecimiento excesivo de la vegetación, una masa foliar muy densa o incluso la propia sensibilidad de algunas variedades. Cuando hay demasiadas hojas y brotes, el aire circula peor por el interior de la cepa y se crea un ambiente más favorable para su desarrollo.
Curiosidad: Es conocida por el viticultor como «ceniza» o «cenicilla» debido a su aspecto. Da la sensación de que todo lo que afecta está espolvoreado con ceniza.
Mildiu: una enfermedad muy ligada a la lluvia
Si hay una enfermedad que preocupa especialmente después de varios días de lluvia, esa es el mildiu.
Este hongo necesita humedad para desarrollarse y puede afectar tanto a las hojas como a los brotes y racimos. Uno de sus primeros síntomas son las conocidas «manchas de aceite» que aparecen sobre las hojas. Cuando aparece, la planta pierde capacidad para realizar correctamente la fotosíntesis y su desarrollo se ve comprometido.
Además, una vez que las condiciones son favorables, puede extenderse con rapidez, por lo que la prevención y el seguimiento del viñedo resultan fundamentales. Después de varios días de lluvia, es especialmente importante revisar las hojas y los racimos para detectar cuanto antes cualquier síntoma.
Curiosidad: Durante muchos años, el sulfato de cobre fue el tratamiento más utilizado para combatir el mildiu. De ahí que, todavía hoy, en muchas zonas vitícolas de España se siga utilizando el verbo «sulfatar» para referirse a la aplicación de cualquier tratamiento, destinado a proteger a la planta, aunque ya no contenga sulfato de cobre.
Botritis: cuando el exceso de humedad pasa factura
La botritis, también conocida como podredumbre gris, aparece principalmente cuando coinciden humedad elevada, poca ventilación y una vegetación muy densa, que crea un ambiente húmedo y poco ventilado alrededor de los racimos.
Al principio puede pasar desapercibida, pero, si las condiciones continúan siendo favorables, las uvas comienzan a deteriorarse, pierden calidad y pueden terminar pudriéndose. Además, al afectar directamente al fruto, también puede reducir el rendimiento de la cosecha.
Por eso, en épocas de mayor humedad se comprueba con especial atención que los racimos se mantengan sanos y bien ventilados.
Curiosidad: Algunos de los vinos dulces más prestigiosos y exclusivos del mundo, como los Sauternes franceses, se elaboran gracias a una botritis muy controlada, conocida como «podredumbre noble«. En ese caso, el hongo aparece en unas condiciones muy concretas y provoca una concentración de los azúcares y los aromas de la uva.
¿Cómo afectan estas enfermedades a nuestros viñedos?
En Pradorey, el clima marca el ritmo de cada campaña. Nuestros viñedos se encuentran en la Ribera del Duero, una zona de inviernos fríos y veranos calurosos donde la climatología puede variar notablemente de una campaña a otra.
Precisamente esa variabilidad hace que enfermedades como el oídio, el mildiu y la botritis puedan aparecer con mayor o menor intensidad en cada campaña. Por eso, no basta con aplicar las mismas decisiones todos los años: es necesario observar la evolución del tiempo y conocer cómo responde cada parcela.
Las campañas más lluviosas y con una humedad prolongada favorecen la aparición del mildiu, mientras que años con temperaturas moderadas y humedad ambiental pueden crear las condiciones ideales para el desarrollo del oídio. La botritis, por su parte, suele encontrar su oportunidad cuando la humedad se mantiene elevada y los racimos permanecen mojados durante más tiempo, especialmente en las fases finales de maduración.
Tras varios días de lluvia, el trabajo no consiste únicamente en comprobar cuánto ha llovido. También es necesario observar las hojas, revisar el estado de los racimos y comprobar si la vegetación permite que el aire circule correctamente entre las cepas.
Por eso, el trabajo en el viñedo va mucho más allá de esperar a la vendimia. Observar el clima, conocer cómo responde cada parcela y anticiparse a posibles riesgos forma parte del cuidado diario de nuestras cepas. Esa vigilancia constante permite que la uva llegue a bodega en las mejores condiciones y exprese todo su potencial
Cuando una botella llega a la mesa, pocas veces pensamos en todas las semanas de observación y cuidado que hay detrás. Sin embargo, detectar a tiempo una mancha en una hoja o un exceso de humedad en un racimo también forma parte de la elaboración del vino. Porque un gran vino empieza mucho antes de la vendimia: comienza cuidando la salud de la vid.


